¿Por qué dejamos de oler nuestro propio perfume?

En la mayoría de las ocasiones, tras aplicar el perfume, dejas de olerlo en pocos minutos, dando la sensación de que no llevas nada. Lo intentas solucionar de manera inmediata, pero erróneamente, aplicando más perfume, acabas oliendo demasiado y, probablemente termines por dejar de olerlo igualmente.

El olfato, nuestro sentido más primitivo

Pero, ¿cuál es la razón por la que casi nunca hueles tu propio perfume? El olfato es el sentido más primitivo que poseemos. Lo más asombroso es que tu patrimonio olfativo, que se ha ido acumulando a lo largo de los años de manera inconsciente, tiene la capacidad de evocar imágenes y sensaciones al percibir un determinado aroma, aunque hayan pasado  muchos años tras la primera vez que lo percibiste.

El problema que surge con los perfumes es que el olfato se cansa de percibir el mismo olor siempre. Cuando constantemente percibes los mismos aromas, tu cerebro filtra esencias y la memoria olfativa no recuerda los aromas habituales.

Un perfume para cada ocasión

Por eso es recomendable que, tanto para mujeres como para hombres, tengas al menos 3 perfumes: uno para los días de diario; otro para los fines de semana; y un último aroma que elegiremos para ocasiones especiales. 

Este truco es perfecto para que tu nariz no se acostumbre rápidamente a un olor en particular. De esta forma no se aburrirá de ellos y, al detectar varios olores de forma continuada, siempre detectará nuevas notas, no dando tiempo a que los filtre como ‘aromas habituales’ y se canse. En definitiva, se trata de que engañes al olfato.

Existen trucos para que los aromas se fijen durante más tiempo a la piel y, sobre todo, si este es más fresco, conseguir que dure más tiempo. Por ejemplo,  al salir de la ducha la piel está húmeda y el poro más abierto. Este es un momento ideal para que lo apliques y la piel absorba los aromas fácilmente, penetren mejor y se fijen prolongadamente.

También es recomendable que apliques el perfume en lugares donde la temperatura corporal suele ser un poco más elevada, como las partes interiores de las muñecas, los codos o en los laterales del cuello. Un truco para identificar estas pequeñas áreas: al tocar estas zonas sentirás mejor tu pulso.  


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